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Paisajes audiovisuales de la memoria chilena en la telenovela Hippie (Chile, 2004): "Paz, amor y lo privado..."
by CONSTANZA MUJICALa telenovela es el único género televisivo exclusivamente latinoamericano. A pesar de compartir algunas características con otros géneros de ficción televisiva seriada como las soap operas estadounidenses y europeas, la telenovela posee características propias claramente delimitadas. Las convenciones audiovisuales del género y las rupturas que de ellas se hagan en cada telenovela en particular también son indispensables al momento de interpretar los discursos sociales que ellas ponen en circulación. Desde ahí se puede construir un nuevo tipo de lectura, a contra-pelo, que redescubre en una nueva dimensión lo que se está comunicando, una dimensión mítica si se recupera la perspectiva barthesiana y la noción de cripta de Derrida.
El primer semestre del 2004 Canal 13 , lanzó su telenovela “Hippie, el mundo está cambiando”, ambientada en el Chile de 1969.
La telenovela no se planteó mostrar exactamente el período que se evocaba, pero según la debatió la prensa en marzo, antes del estreno, el director de la novela de canal 13, Cristián Galaz, sí pretendía dar cuenta de los cambios sociales que marcaron esa época.
Nada quedaría al margen, ni el protagonismo político de la juventud que había vivido las promesas de integración y agencia política del pueblo, movilización de la clase media, modernización industrial y erradicación de la pobreza de la “Revolución en libertad” que proyectaba Eduardo Frei Montalva en su campaña de 1964 y que se habían frustrado con sus tibios éxitos, ni la polarización política que vino después y que culminó con la elección de Salvador Allende, ni los sueños socialistas ni los miedos conservadores que trajo la “vía chilena al socialismo”. También se pondría en escena el amor libre, la experimentación con las drogas y la reforma universitaria guiada por alumnos de todas las casas de estudio del país que para 1967 habían gritado “universidad para todos” y pedido un “co-gobierno” que les permitiera incidir en la administración de sus instituciones y sacarlas de la “torre de marfil” que las alejaba del torbellino de cambios sociales que se estaban dando (Rosenblitt). En fin, la telenovela daría cuenta de la efervescencia de esos años.
Y se cumplió la promesa, de todo eso se habló (a veces tangencialmente, la mayoría de ellas superficialmente) a través de las vivencias de cuatro amigos (Martín –el dirigente estudiantil—, Pancho —el niño de buena familia que hace creer a sus padres que estudia en Estados Unidos cuando en realidad vive hace un año con sus amigos en una comunidad hippie—, Andrés —el hijo responsable y conservador del rector de la Universidad Nacional— y Cristóbal —un joven idealista que vive en una comunidad hippie y que cree que “hay que comerse la luna”). El primero moviliza, a través de huelgas que nunca salen a la calle y de discursos, a sus compañeros estudiantes a favor de una “reforma universitaria” de la que nunca se saben los detalles, que nunca llega a ejecutarse y que tiene como único rostro a David Torres, un compañero de Martín en la carrera de Medicina. Pancho y Cristóbal hablan del amor libre, pero son fieles a sus mujeres (Juana y Ximena). Las desastrosas condiciones de salud e higiene en las zonas rurales se muestran sólo en un par de escenas en las que Pancho recorre los campos que pertenecen a su padre. Después… hablar sobre rebelarse e intentar ayudar, pero siempre desde la intimidad de la ficticia comunidad hippie del Ostión.
Pero no basta una ojeada al discurso verbal de la telenovela para detectar sus discursos sociales. El carácter televisivo de este género exige una segunda mirada, que combine y contraponga las señales que entregan los diálogos y las grandes líneas narrativas, con lo expresado por códigos audiovisuales como los encuadres y el montaje.
Presentación original de "Hippie, el mundo está cambiando" (Canal 13, Chile, 2004)
The social becomes personal in the confrontation of a student leader/son with the University President/father.
Cristobal, the hippiest of the friends, has become an LSD addict. Depressed he roams the street and hallucinates.
Cristóbal begins to recover from his drug abuse problem by painting.